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El escultor estadounidense Dennis Oppenheim, calificado como uno de los artistas conceptuales más importantes del mundo, falleció de un cáncer el pasado sábado en Nueva York a los 72 años. El estadounidense, nacido en Electric City (Washington) en 1938, perteneció a la generación del llamado arte conceptual que, a finales de los años 60, reaccionó en Estados Unidos al minimal art inaugurando el  land art (de ejemplo, su obra ‘Target’, de 1974). Pero Oppenheim, ‘atípico producto’ de aquel Washington del 38, tomó aristas en California, donde se formó en la Escuela de Artes y Oficios.
Allí desarrolló una curiosidad de carácter experimental que lo llevó del diseño gráfico -en Hawai trabajó en empresas de publicidad- a la ‘performance’ (como ‘Attempt to raise hell’, de 1974) y después a la escultura.
Pero el trabajo de Dennis Oppenheim -que forma parte de los mejores museos y colecciones del mundo- se derrama por muy distintos frentes y la actitud es esencial en esa manifestación de la extrañeza que desarrolla. La ironía, incluso el sarcasmo, son esenciales para ahondar en los códigos (que los tiene) de un artista como él. Un tipo capaz de establecer como acción artística la sospecha de un complot contra el arte norteamericano. Y eso sólo demuestra un aspecto esencial de su poética: la libertad.
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