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EL CAC MÁLAGA PRESENTA LA EXPOSICIÓN MÁS IMPORTANTE DE JIA AILI EN EUROPA


El Centro de Arte Contemporáneo de Málaga presenta el próximo 17 de marzo Jia Aili, título de la muestra comisariada por Fernando Francés formada por 28 pinturas. Jia Aili es uno de los pintores emergentes chinos más destacado que refleja en sus obras los cambios dramáticos producidos en la sociedad china contemporánea. El artista yuxtapone características contemporáneas con un estilo tradicional figurativo. Sus obras, inundadas de paisajes apocalípticos con una paleta de negros, grises y azules, provocan un profundo sentimiento de sobrecogimiento y evocan una profusa admiración a lo sublime. Personas ahogadas por la soledad perdidas entre diferentes avances tecnológicos, guerras y bombardeos que devastan ciudades, invitarán al espectador a reflexionar sobre el papel del ser humano en el planeta.

17 de marzo al 18 de junio 2017


“La pintura es para mi la mejor manera de expresar lo que siento, creo que el arte existía desde el comienzo de los seres humanos. Me interesa la pintura para expresar mis propios pensamientos y experiencias y el arte que me rodea”, explica Jia Aili (1979, Dandong, Liaoning, China). El artista invita a reflexionar sobre la realidad vivida en China en los últimos años. Utiliza en su gran mayoría lienzos de gran tamaño, pues para él no hay mejor formato para mostrar la realidad que un espejo de dimensiones colosales.
Para Fernando Francés, director del CAC Málaga, “a pesar de la situación de pesimismo y estancamiento social que se produce gracias a las nuevas tecnologías, con las que, a pesar de estar conectados con todo el mundo a una velocidad impensable, muchos individuos se sienten totalmente aislados y solos. Jia Aili crea obras de gran tamaño que logran que los espectadores empaticen totalmente con la belleza que transmite. Trabajos que acarician lo sublime, entendido este como un grado más alto que lo bello y equivalente a una belleza de tal fuerza y magnitud, que no hay realmente una forma idónea de ser expresada. Aporta un sentimiento de sorpresa y de perturbación que revela un choque violento entre una fuerza que intenta manifestarse y una forma que no alcanza casi a contenerla. En la obra de Jia Aili se contempla el infinito, que no puede representarse de modo sensible más que mediante el arte, a través de la excelsitud de lo sublime”.
Jia Aili nació en 1979 y se graduó en la Academia de Bellas Artes de Lu Xun en 2006. Su pueblo, Dandong, está localizado en el corazón del Noroeste de Corea, y pertenece a la provincia de Liaoning. Desde 1894 en la Guerra Sino-Japonesa a la Guerra Coreana, esta región, cercana al río Yalu fue bombardeada en más de una ocasión. Jia Aili es muy sensible a los cambios ocurridos en su entorno social, así como a los hechos históricos acontecidos. Como miembro de la primera generación de niños tras la reforma china de la política de hijo único, su infancia fue solitaria, mientras ocurrían cambios importantes, tanto en la política y la economía china. Jia Aili analiza y centra su atención en la exploración del estado psicológico de sus contemporáneos.
El trabajo de Jia Aili explora el tema del realismo, y representa momentos de la vida cotidiana mezclados con escenas de apariencia post-apocalíptica. Crea imágenes de lo que está pasando ahora, alterando el elemento del tiempo en sus obras. A veces, sus pinturas aparecen claramente fechadas, pero otras, presentan varios momentos diferentes que son contradictorios y ambiguos al mismo momento. El artista toma la perspectiva como nexo entre sus primeros trabajos y los más actuales. En sus primeras obras primaba el realismo, sin embargo, en sus obras recientes estudia más los elementos narrativos. De hecho, quiere conseguir profundizar no solo en su estilo artístico personal, sino también en la manera en que aplica el realismo en sus obras.
Jia Aili se basa en la historia, cultura, ciencia, tecnología, enfermedades y guerras. Utiliza imágenes metafóricas, fragmentos y símbolos de la época  post-industrial abarcando diferentes momentos y lugares donde las personas incluyen máscaras antigás, ruinas industriales, cohetes despegando y maquinaria industrial de gran tamaño, todo en la misma obra. Realiza sus pinturas mediante la superposición de enormes paneles, como por ejemplo en Hermit from the Planet, 2015-2016 (#1), obra compuesta por tres paneles. El cielo oscuro formado por densas nubes negras  lanzan blancos truenos que impactan directamente con la tierra realizando cráteres redondos sobre el terreno. Varias figuras de personas solitarias se encuentran sentadas sin conversación alguna. El paisaje formado por líneas angulosas negras, azules y blancas se ve interrumpido por una espiral de color rojo, que desvía totalmente la atención hasta ese punto, esto, que antes era un objeto, ahora ha sido distorsionado por Jia Aili en el espacio y en el tiempo. El color rojo aparece en China en todas partes: en la bandera de la República Popular China es un paño de color rojo, con cinco estrellas amarillas de cinco puntas que simbolizan a su vez la unidad del pueblo revolucionario bajo la dirección del Partido Comunista de China. También en las fiestas y celebraciones, en los letreros de las tiendas, en los paneles comerciales, etc. Este color simboliza el especial gusto de los chinos, pero representa también valores y sentimientos tan importantes como la buena suerte, la felicidad, el entusiasmo, la pasión, la justicia y la revolución. Es más, se cree que el rojo es capaz de ahuyentar los males y atraer la prosperidad.
La misma espiral se puede apreciar en Untitled, 2015 (#2), obra que forma pendant (pareja) debido a su temática con Untitled, 2012 (#3), aunque sean de  diferente tamaño. En ambas, se aprecia una figura masculina vestida con uniforme de marinero mientras se mira las manos como preguntándose ¿por qué? En ambos, aparece el hecho ocurrido el 16 de octubre de 1964, pues China hizo explotar su primera bomba atómica en el desierto de Lop Nur. Un acontecimiento científico que marcará el desarrollo armamentístico del país siempre en un clima de desconfianza hacia este potencial atómico por las devastadoras consecuencias que supondría una guerra nuclear, una escena que se dio durante el conflicto bélico surgido en la Segunda Guerra Mundial con los bombardeos sobre Hiroshima y Nagasaki. En Untitled, 2015 (#2) puede apreciarse una luna en la parte izquierda superior y dos figuras que se abrazan, las cuales desprenden fuego. Estas dos obras, denotan la pasión de Jia Aili por la obra de Goya y Caravaggio. El tamaño colosal de este personaje, totalmente predominante sobre la escena, recuerda a la obra atribuida a Goya El Coloso, 1812. Por otro lado, la cara tan negra de este personaje se inspira en la obra de Caravaggio La incredulidad de Santo Tomás, 1601-1602. A Jia Aili, le llamó la atención cómo Caravaggio conseguía oscurecer las caras de los personajes y aún así se pudieran advertir sus facciones. Estos dos marineros aparecerán juntos en Untitled, 2014-2015 (#4) donde compartirán escena con otros personajes recurrentes del artista.
Este mismo personaje con ropas de marinero también aparece en la obra S-The 38th Parallel, 2015 (#5), en esta ocasión con una máscara antigás, dándole la espalda a la escena. Dominando la acción, un gran árbol del que cuelgan trompetas que parecen estar tronando. El paralelo 38, es una coordenada de latitud al norte del Ecuador más estrechamente asociada con la línea de demarcación entre Corea del Norte y Corea del Sur. El paralelo 38 fue propuesto por primera vez como una línea divisoria para Corea en 1902. Rusia intentaba tener a Corea bajo su control, mientras que Japón tenía reconocimiento de sus derechos en Corea por parte de los británicos. En un intento por prevenir cualquier conflicto, Japón propuso a Rusia que se dividiera  Corea en dos partes de acuerdo a su esfera de influencia a partir del paralelo 38. De cualquier modo, no se alcanzó ningún acuerdo oficial y Japón tomó control total de Corea. Después de la rendición de Japón tras la Segunda Guerra Mundial en 1945, el paralelo fue establecido como el límite entre las zonas de ocupación soviética (norte) y estadounidense (sur).
En Untitled, 2015-2016 (#6) y Antiviolence Dream of the Football Police, 2014-15 (#7), Jia Aili expone dos paisajes muy diferentes, pero con elementos similares, su nexo de unión, un policía chino, el cual es retratado como un globo hinchado debido a su peso. En Untitled, 2015-2016 (#6), obra mucho más abstracta, el cielo conecta con la tierra debido a un gran trueno. Esta obra posee colores predominantemente oscuros y su paisaje parece estar roto debido a las pinceladas blancas. En Antiviolence Dream of the Football Police, 2014-15 (#7), los colores utilizados por Jia Aili son más cálidos, pero sin pretender suavizar la escena. En esta obra, otro rayo cae sobre la escena, pero en esta ocasión va a parar a uno de los personajes más recurrentes de Jia Aili, una figura masculina con camisa blanca y pantalón azul, al cual le arde la cabeza. El artista le ha dedicado obras individuales a este personaje como The Young Aeolus-Thor, 2015 (#8), donde aparece con el símbolo iconográfico principal del dios nórdico Thor, el rayo, pues tanto de su cabeza como de su cuerpo desprende líneas blancas, las cuales logran estremecer al espectador con el sonido sordo que producen; en Juvenile, 2013 (#9), el mismo personaje emite rayos de color azul, esta vez con sus ojos y en Divine State, 2011-2012 (#10), le salen llamas de su cabeza.
En otra de las obras de gran tamaño, The Memory of North Willow Grass Island, 2012-14 (#11), tienen lugar varias escenas. Por un lado, los personajes a los que les arde la cabeza, por otro, el “Young Aeolus-Thor”, el cual recibe un rayo del cielo y lo transmite a varios personajes con apariencia de astronauta, dos que se pierden en el paisaje, otros dos, que aparecen desdoblados o duplicados introduciéndose en unos hoyos circulares. En el centro de la composición, delante de la esfera, tres niños parecen jugar. Este trío apareció primero como elemento principal en Untitled, 2011(#12), su disposición piramidal, reminiscencia del Renacimiento, marca como personaje principal a la figura femenina central, esta porta en su cabeza una pompa, a manera de escafandra, parece enseñar a su compañera con media sonrisa una seta que tiene en su mano, ésta parece que le vaya a ofrecer un tarro para poder guardarlo.
Rompen con sus escenarios y temáticas tan oscuras las obras Untitled, 2012-2013 (#13) y Untitled, 2014 (#14), donde Aili experimenta con nuevas gamas cromáticas como el amarillo, verde, naranja y morado, que inundan sus paisajes.
En Untitled, 2013 (#15), Jia Aili ha retratado al astronauta de la Unión Soviética Yuri Gagarin, que el 12 de abril de 1961 viajó en una nave espacial, la Vostok 1, que logró ponerse en órbita. Este histórico vuelo de 108 minutos, una única órbita alrededor de la Tierra, convirtió a Gagarin en el primer ser humano en el espacio y en un héroe internacional. Este hecho, considerado como una carrera espacial entre EE. UU. y la Unión Soviética, era muy admirado por los chinos. Este, y los avances espaciales chinos, son representados como un acontecimiento simbólico e inspirador para la generación de Jia Aili, pues ocasionó el nacimiento de una nueva nación capitalista y supuso una confirmación de la ascensión del país como un estado global y una superpotencia.
Otras obras pendant, ambas tituladas Untitled, 2013 (#16) (#17), muestran dos figuras humanas vestidas con monos blancos y máscaras, eran las personas encargadas de evaluar los daños producidos por el test de la primera bomba atómica de China. En Untitled, 2015-16 (#18), a modo de fotografía polaroid, dos personas ayudan a vestirse a una tercera. Los ‘liquidadores’ son el primer frente de choque en cualquier catástrofe. Nunca podrá evaluarse el coste medioambiental y muertes que se produjeron en Chernóbil. Sin embargo, se puede afirmar que la nube no adquirió unas proporciones apocalípticas gracias al trabajo abnegado de los liquidadores, voluntarios en su mayoría, que se enfrentaron a la radiación, atajándola precariamente con una mole de hormigón que se lanzó sobre el reactor siniestrado.
La tecnología y sus avances están muy presentes en la obra de Jia Aili, en ocasiones, es la misma humanidad quien se rinde ante ella, como en Untitled, 2007-2008 (#19), donde una figura humana realiza una reverencia a una pieza de aviación totalmente hiperrealista. Por otro lado, en  Untitled, 2009 (#20) unos científicos realizan trabajos al Dong Fang Hong 1 o DFH-1, primer satélite artificial chino, lanzado el 24 de abril de 1970 mediante un cohete CZ-1, con fines exclusivamente propagandísticos, portando un emisor que emitía la canción “El este es rojo” .
En We Come from the Century, 2008-2011 (#21), la obra de mayor tamaño de la exposición, cinco paneles unidos, logran que esta pintura alcance  seis metros de alto por quince de largo. En ella, varias referencias a Rusia, como los gigantescos hoz y martillo en el suelo (de la bandera comunista rusa), o la escultura de Lenin en el suelo (elemento que ya utilizó en Goodmorning, world, 2009). Varios aviones parecen haberse estrellado en este paisaje tan apocalíptico, donde figuras humanas se entremezclan con astronautas, mediante posturas forzadas o desdoblamientos como la niña del vestido rosa en el centro de la composición. Un mundo caótico, resultado creado por el propio ser humano. El artista siente una profunda admiración por las técnicas pictóricas del Renacimiento, utiliza por ejemplo su técnica de pintura de transparencia, las veladuras, en una intensa búsqueda de capturar el cambio en la luz de un elemento transparente.  Así, puede apreciarse los ángeles de su obra Untitled, 2010 como una veladura en la parte derecha de la obra.
Sus paisajes abstractos, fragmentados, a menudo interrumpidos por objetos que parecen ir a la deriva, son en realidad una clara reflexión sobre él mismo, más que de la sociedad actual. Sinergia a tener en cuenta, comparando su obra con los artistas románticos, en especial de Caspar David Friedrich. En sus obras más caóticas, puede observarse una estrecha relación con el cubismo, donde el artista intenta utilizar estos conceptos adaptados a la realidad contemporánea. Jia Aili descompone frigoríficos, espejos, televisiones, hasta poder observarse solamente algunos de sus fragmentos: The Wasteland 2007 (#22) (#23), Untitled, 2008 (#24), la cual incluye pequeños fragmentos de espejo o Untitled, 2011(#25). En todas ellas, una figura humana desnuda casi atrapada, se abre paso con dificultad llevando una máscara antigás, por un paisaje otra vez apocalíptico, en ocasiones con un ordenador entre las manos o una calavera humana.
El mundo de Jia Aili, es un mundo post-apocalíptico, donde los protagonistas no son los seres humanos, sino sus actos y sus posteriores consecuencias.
Jia Aili, vive y trabaja en Pekín, China. Licenciado, Lu Xun Academy of Fine Arts, Departamento de Pintura al óleo. Ha realizado exposiciones individuales en Teatrino di Palazzo Grassi, Venecia, Italia; Singapore Art Museum (SAM), Singapur; Platform China, Hong Kong, China; DoART, Pekín, China, entre otros. Además, ha participado en exposiciones colectivas en Busan Museum of Art, Busan, Corea; Mori Art Museum, Tokio, Japón, PinchukArtCentre, Kiev, Ucrania, National Museum of Modern and Contemporary Art, Seúl, Corea; Minsheng Art Museum, Shanghái, China; Haunch of Venison, Londres, Reino Unido; Collateral Events of the 54th International Art Exhibition, Venecia, Italia o Arario Gallery, Nueva York, EE. UU, entre otros.
Descargue la hoja de sala en español e inglés aquí.
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THE CAC MÁLAGA PRESENTS JIA AILI’S MOST IMPORTANT EUROPEAN EXHIBITION TO DATE

On 17 March the Centro de Arte Contemporáneo of Málaga will open Jia Aili, a show curated by Fernando Francés featuring twenty eight paintings. The painter Jia Aili is one of China’s most remarkable rising stars, and his works reflect the dramatic changes that have transpired in contemporary Chinese society. The artist juxtaposes contemporary features with a traditional figurative style. His works, filled with apocalyptic landscapes rendered in a palette of blacks, greys and blues, inspire a deep sense of awe and overwhelming admiration for the sublime. Individuals drowning in solitude and wandering aimlessly among different technological wonders invite spectators to reflect on the role played by human beings on this planet.

17 March–18 June 2017


“For me painting is the best way of expressing what I feel; I think art has existed since the dawn of humanity. I’m interested in painting because it lets me express my own thoughts and experiences and the art around me,” explains Jia Aili (b. 1979, Dandong, Liaoning, China). The artist invites us to meditate on the reality of life in China in recent years. He predominantly uses large-format canvases, as he believes there is no better way to show reality than in a colossal mirror.
For Fernando Francés, director of the CAC Málaga, in Aili’s work “hope endures despite the widespread pessimism and social stagnation brought on by new technologies, a situation in which many individuals feel completely isolated and alone despite their ability to connect with the entire world at unimaginable speeds. Jia Aili creates large-format works that succeed in making spectators empathise completely with the beauty they convey. His compositions border on the sublime, understood as something more than merely beautiful and equivalent to a beauty of such power and magnitude that there is really no suitable way to express it. They produce a feeling of surprise and uncanny disturbance that reveals a violent collision between a force striving to manifest its presence and a form that can barely contain it. In Jia Aili’s work we contemplate the infinite, which cannot be tangibly represented in any way other than through art, through the exaltedness of the sublime.”
Jia Aili was born in 1979 and graduated from the Lu Xun Academy of Fine Arts in 2006. His hometown of Dandong, in the province of Liaoning, is located in northeast China across the border from North Korea. In the years between the First Sino-Japanese War, which began in 1894, and the Korean War, this region near the River Yalu was bombed on more than one occasion. Jia Aili is keenly aware of both historical events and recent changes in his society. As part of the first generation born after the Chinese government introduced its one-child policy, he grew up alone while major changes were happening in China’s economy and political system. Jia Aili focuses on exploring the psychological state of his contemporaries.
The work of Jia Aili explores realism, a very common theme in Chinese art, and combines scenes of everyday life with apocalyptic settings. He creates images of what is happening now, altering the element of time in his pieces. Sometimes his paintings are clearly dated, but others show different moments that are both contradictory and ambiguous. The artist uses perspective as a nexus between his early works and his most recent creations. His first pieces were dominated by realism, but his latest work focuses more on narrative elements. In fact, he constantly strives to go further and deeper, not only in his personal artistic style but also in the way he applies realism to his works.
The artist draws on history, culture, science and technology, disease and war. He uses metaphorical images, fragments and symbols of the post-industrial era, referencing different times and places and portraying people with gas masks, wastelands, industrial ruins, rocket launches and massive industrial machinery, all in one work. He often overlaps enormous panels to create his compositions, like the three that comprise Hermit from the Planet (2015–2016) (#1). White lightning bolts rain down from heavy black clouds in an ominously dark sky and strike the ground, creating round craters. Several solitary figures are seated but say nothing to each other. The landscape of angular black, blue and white lines is broken by a red spiral which draws all attention to that point: that thing, once an object, has now been distorted by Jia Aili in time and space. The colour red appears everywhere in China: on the flag of the People’s Republic of China—a solid red rectangle with five yellow five-pointed stars that symbolise the unity of the revolutionary people under the leadership of the Chinese Communist Party—at parties and celebrations, on shop signs, advertising panels, etc. Red represents the special predilection of the Chinese as well as some of their important values and sentiments such as good luck, happiness, enthusiasm, passion, justice and revolution. They even believe that the colour red can ward off evil and bring prosperity.
We find the same spiral in Untitled (2015) (#2), a pendant piece to Untitled (2012) (#3) which depicts the same theme although it differs in size. In both works, a male figure in a sailor’s uniform gazes at his hands, as if asking himself “Why?” These two paintings portray the event that occurred on 16 October 1964, when China detonated its first atomic bomb in the desert at Lop Nur. That test was a scientific milestone in the country’s weapons development programme, pursued in a pervasive climate of distrust and uncertainty about atomic power and the devastating consequences of a potential nuclear war as illustrated during World War II when the bombs were dropped on Hiroshima and Nagasaki. In Untitled (2015) (#2) we see a moon in the upper left part of the picture and two embracing figures from which fire seems to emanate. These two works attest to Jia Aili’s passion for the work of Goya and Caravaggio. The massive size of the figure, which completely dominates the scene, is reminiscent of the 1812 work The Colossus, attributed to Goya. However, the character’s black face is inspired by Caravaggio’s painting The Incredulity of Saint Thomas (1601–1602). Jia Aili was struck by how Caravaggio managed to darken the faces of his characters without obscuring their features. These two sailors appear together in Untitled (2014-2015) (#4) where they are joined by other recurring characters in the artist’s oeuvre.
The same man in nautical attire also appears in S-The 38th Parallel (2015) (#5), this time with a gas mask and his back turned to the scene. The most dominant element is a large tree from which blaring trumpets hang. The 38th parallel is a latitude north of the equator associated with the dividing line between North and South Korea. This parallel was first proposed as an internal boundary for Korea in 1902. At the time Russia was trying to keep Korea under its control, while the British had recognised Japan’s special interests in Korea. Attempting to avert open conflict, Japan offered Russia a compromise, proposing that they divide Korea into two spheres of influence along the 38th parallel. No official agreement was reached, and eventually Japan seized control of all Korea. When Japan surrendered at the end of World War II in 1945, the parallel was established as the boundary between the areas of Soviet (north) and American occupation (south).
In Untitled (2015-2016) (#6) and Anti-violence Dream of the Football Police (2014–2015) (#7), Jia Aili depicts two very different landscapes with similar elements; their common denominator is an overweight Chinese policeman who resembles an inflated balloon. In the much more abstract Untitled (2015-2016) (#6), earth and sky are linked by a large lightning bolt. This work is painted in predominantly dark colours and the landscape seems fractured due to the white brushstrokes. In Anti-violence Dream of the Football Police (2014–2015) (#7), Jia Aili uses warmer colours but makes no attempt to mitigate the harshness of the scene. Another lightning bolt strikes, but here the target is one of Jia Aili’s most familiar characters, a male figure in a white shirt and blue trousers whose head is on fire. The artist has dedicated several individual works to this character: in The Young Aeolus-Thor (2015) (#8), we find white lines radiating from both his head and body that represent the main iconographic attribute of the Nordic god Thor, the lightning bolt, and the deafening thunder that accompanies it; in Juvenile (2013) (#9) the same figure shoots blue rays from his eyes; and in Divine State (2011–2012) (#10) flames spring from his head.
Another large-format work, The Memory of North Willow Grass Island (2012–2014) (#11), contains several scenes in a single composition. In one we see figures with flaming heads; in another the “Young Aeolus-Thor” receives a bolt from heaven and redirects it to several characters that look like astronauts, two far in the distance and another two that seem to be doubles or duplicates cowering in circular pits. In the centre of the composition, before the sphere, three children appear to be playing. This trio first appeared as a significant element in Untitled (2011) (#12), where the girl in the middle is clearly identified as the main character. Her head is encased in a bubble resembling a glass helmet. Half smiling, she seems to be showing one playmate the mushroom she holds in her hand, while the third appears intent on adding the mushroom to her collection stored in a glass jar.
Aili leaves his characteristic dark settings and themes behind in Untitled (2012–2013) (#13)  and Untitled (2014) (#14)  to experiment with new palettes, flooding his landscapes with yellow, green, orange and purple hues.
In Untitled (2013) (#15) he chose to depict Soviet cosmonaut Yuri Gagarin, who was launched into orbit aboard the Vostok 1 on 12 April 1961. His historic 108-minute flight, orbiting once around the earth, made Gagarin the first human to enter outer space and an international hero. This achievement at the height of the space race between the USA and the Soviet Union was greatly admired by the Chinese, who eventually replicated the feat. The launch of the first Chinese manned spacecraft was a symbolic, inspiring event for Jia Aili’s generation, as it marked the birth of a new capitalist nation and confirmed China’s rise to the position of global state and superpower.
Another set of pendant pieces, both Untitled (2013) (#16) (#17), show two human figures wearing white boiler suits and masks, the individuals responsible for assessing the damage caused by China’s first atomic bomb test. In Untitled (2015–2016) (#18), which resembles a Polaroid photograph, two people are helping a third to get dressed. The “liquidators” are the front line, the first to respond in the event of catastrophe. The true cost of the Chernobyl disaster in terms of environmental damage and human lives can never be calculated. However, we do know that the cloud did not grow to apocalyptic proportions thanks to the selfless efforts of those liquidators, mostly volunteers, who performed the life-threatening task of sealing off the faulty reactor with a concrete mass in order to control the radiation.
Technological progress is a prominent theme in Aili’s work. At times he shows humanity surrendering to it, as in Untitled (2007–2008) (#19), where we see a bowing figure, Untitled (2009) (#20), which depicts scientists working on the Dong Fang Hong 1 or DFH-1 (the first Chinese space satellite, an exclusively propagandistic device launched by a CZ-1 rocket on 24 April 1970 with a transmitter that broadcast the song “The East Is Red”), and We Come from the Century (2008–2011) (#21), the largest work in the exhibition. Five overlapping panels give this piece its impressive dimensions: fifteen metres long by six high. In it we find several references to Soviet Russia, like the gigantic sickle and hammer on the ground (the symbols on the Communist Russian flag) and the toppled sculpture of Lenin (an element which also appears in an earlier work). Several aircraft seem to have crashed in this apocalyptic landscape, where astronauts mingle with ordinary human figures in unnatural poses or blurred double images, like the girl in the pink dress in the centre of the composition. This chaotic world is the result of humanity’s own actions. The artist is a fervent admirer of Renaissance pictorial techniques. For example, he uses the method of layered glazes developed by Renaissance masters in his intense effort to capture changes in light as a transparent element, as well as depth, shadows, form and space, striving to represent contemporary art theory with the calm objectivism of those descriptive techniques.
Jia Aili’s abstract, fragmented landscapes, often interrupted by objects that seem to be adrift, are actually a clear reflection on himself rather than on today’s society. There is also a clear synergy between his work and that of the Romantics, especially Caspar David Friedrich. In his most chaotic compositions, with obvious similarities to Cubism, the artist attempts to use and adapt these concepts to contemporary reality. He breaks down refrigerators, mirrors and televisions until only a few fragments remain, as we see in The Wasteland (2007) (#22) (#23), Untitled (2008) (#24) and Untitled (2011) (#25). In all three works, a naked, partially trapped human figure wearing a gas mask struggles to move across yet another apocalyptic landscape.
Jia Aili lives and works in Beijing, China. A graduate of the Oil Painting Department at the Lux Xun Academy of Fine Arts, he has held solo shows at several art centres, including Teatrino di Palazzo Grassi, Venice, Italy; Singapore Art Museum (SAM), Singapore; Platform China, Hong Kong, China; and DoART, Beijing, China. He has also participated in group exhibitions at, among other venues, the Busan Museum of Art, Busan, South Korea; Mori Art Museum, Tokyo, Japan, PinchukArtCentre, Kiev, Ukraine; National Museum of Modern and Contemporary Art, Seoul, South Korea; Minsheng Art Museum, Shanghai, China; Haunch of Venison, London, UK; Collateral Events at the 54th International Art Exhibition, Venice, Italy; and Arario Gallery, New York, USA.
Download the english and spanish information sheet here.
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