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Louise Bourgeois
6 agosto al 4 noviembre de 2004
Tejiendo el tiempo
La tela como materia prima es el hilo conductor de Tejiendo el Tiempo, una exposición que reúne una veintena de esculturas de la artista Louise Bourgeois (París, 1911), sin duda una de las figuras más influyentes del arte contemporáneo. Pequeñas figuras, bustos cosidos, figuras totémicas y celdas-vitrinas, la mayoría realizadas en los últimos tres años, componen una exposición completada por una selección de su trabajo gráfico que incluye He Disappeared into Complete Silence (1946), su mejor conjunto de grabados y poemas en los que relata historias de soledad y pérdida.
Nacida en pleno apogeo del cubismo, la infancia de Louise Bourgeois, marcada por el adulterio de su padre, ha determinado su posterior trayectoria artística. La obra en exposición Seven in a Bed (2001), por ejemplo, parece destilar de su memoria de lejanas mañanas de domingo cuando ella y sus hermanos se tiraban en la cama de sus padres. Sin embargo, la proliferación de cabezas y caras, al estilo de las imágenes del dios Jano, avisan al espectador de que las cosas, especialmente cuando de personas se trata, no son siempre lo que parecen. Destaca también Standing Figure (2003), que recientemente acaba de pasar a formar parte de la colección permanente del CAC Málaga, así como las figuras maternales y sus conocidas mujeres-casa.
Formada como pintora, Louise Bourgeois comenzó a cultivar la escultura tras su llegada a Nueva York en 1938, tras su matrimonio con el historiador del arte Robert Goldwater. A finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta, abandonó prácticamente la pintura y comenzó a realizar una serie de piezas totémicas en madera que evocaban, mediante su verticalidad, la presencia humana. Recientemente, Bourgeois reinterpretó, en esta ocasión en tela, estos primeros trabajos en una serie de figuras representadas en la exposición por piezas como Untitled 2001 y 2002.
No fue hasta sus 71 años cuando fue reconocida mundialmente al convertirse en la primera mujer a la que el Museo de Arte Moderno de Nueva York, le dedicaba una retrospectiva. Fue entonces cuando Bourgeois comenzó a crear una serie de espacios teatrales a los que llamó Cells (celdas, células), que representaban, como la propia artista explicaba, diferentes tipos de dolor: “el físico, el emocional y psicológico, y el mental y el intelectual”.
Algunas de las piezas más llamativas de la obra reciente de Louise Bourgeois son las series de bustos de tela, de los que cinco pueden verse en esta exposición. Cosidos con una crudeza que contradicen lo sofisticado de su estructura, guardan sin embargo un inquietante parecido con la realidad: bocas abiertas que parecen exhalar y ojos que miran directamente al espectador o deliberadamente al vacío. El enfrentamiento con estas obras puede ser complicado, dificultad que aumenta su propio mutismo y el resistente cristal que las encierra.
Louise Bourgeois ha sido una de las primeras artistas en afirmar la importancia de la autobiografía y la identidad como temas artísticos. A lo largo de una trayectoria que rehúsa ser narrada linealmente, se ha revelado como una escultora de una inesperada originalidad y de una habilidad única para trabajar con diferentes materiales: desde el mármol y el bronce hasta el látex y el tejido. Del mismo modo, Bourgeois ha sido una pionera en el uso de la instalación como medio de implicar al público en la experiencia del arte. Su trabajo ha ejercido una de las mayores influencias en el arte contemporáneo desde finales de los setenta y su actividad sin freno sigue inspirando y motivando a las nuevas generaciones de artistas.

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